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Brujas y Brujos:
Historia
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La caza de brujas
Este clima de "tolerancia" comenzó a cambiar a raíz
de las crisis económicas, espirituales, políticas
y, en definitiva, sociales que tuvieron lugar a partir del
s. XIII. Fue entonces cuando la Iglesia condenó la brujería
como delito de adoración al Diablo quien, de repente,
se convirtió en director de aquelarres y conductor de
sabats. Comienza la caza de brujas, la caza de la angustia.
A partir del s. XIII la línea que separaba la brujería
de la herejía se desdibujó por completo cuando
las altas jerarquías eclesiásticas convirtieron
al Demonio en jefe de las brujas. ¿Cómo se llegó a
esta situación?
El proceso es largo y
complicado pero podemos decir que a fines de la Edad Media,
en un clima de crisis brutal, el Diablo cobró una fuerza
inusitada en la vida de gentes acuciadas por todo tipo de problemas
económicos, sociales, sanitarios, religiosos... De entidad
abstracta y distante el Demonio pasó a realidad acechante.
La tierra se convirtió en un campo de batalla entre
las fuerzas del Bien (dirigidas por la Iglesia) y las del Mal
(nutridas por un ejército de brujas y brujos adoradores
del Maligno) y fue entonces, y no antes, cuando se creó la
idea de que las brujas se organizaban en una especie de Iglesia
paralela con Lucifer como Soberano, que trataba de acabar con
el Papa y el poder de Cristo.
La realidad campesina de lucha contra las adversidades a través
de prácticas mágicas y rituales a medio camino
entre el paganismo y el cristianismo, muchas veces presididos
por curas locales, fue malinterpretada y convertida en un " nido
de víboras " jerarquizadas y dispuestas a batallar
contra el Bien para desterrarlo del mundo.
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Las mujeres viejas y pobres
fueron las principales víctimas de la histeria que se apoderó de
la sociedad de principios de la Edad Moderna. Condenadas por su propia
marginalidad social y de clase los inquisidores vieron en ellas presas
fáciles, perfectas cabezas de turco que mostrar a una sociedad
desesperada. El chivo expiatorio de tanta desgracia ya estaba preparado
y dejaba a la Iglesia un enorme margen de actuación como defensora
de la Bondad y la Verdad en el mundo. Ya tenían al enemigo,
ahora sólo restaba perseguirlo y acabar con él y, todo,
para salvar su alma atormentada por el pecado.
Durante el s. XIII la Iglesia
se ocupó especialmente de perseguir las grandes herejías;
valdenses, cátaros, fraticelli... Para finales de siglo la
Inquisición, necesitada de víctimas, preguntaba al
Papa " si no debemos tener en cuenta también la hechicería
y la adivinación ". La respuesta afirmativa llegaría
con Juan XXII en 1320 y se potenciaría con Nicolás
V en 1451. No fue la Edad Media la que persiguió a muerte
a las brujas, sino el Renacimiento, ese falso remanso de paz racional
después de la no menos falsa y arquetípica oscuridad
medieval.
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